Una vacuna es una sustancia biológicamente activa diseñada para proteger a niños y adultos de infecciones causadas por bacterias y virus. Las vacunas también se llaman inmunizaciones porque sacan ventaja de la capacidad natural de nuestro sistema inmunitario para prevenir enfermedades infecciosas. Para entender cómo funcionan las vacunas, necesitamos considerar cómo nuestro sistema inmunitario nos protege de las infecciones.

Nuestros cuerpos cuentan con una variedad de métodos para protegerse de microorganismos infecciosos, como bacterias y virus. El más sofisticado de estos métodos involucra activar células específicas del sistema inmunitario, algunas de las cuales producen proteínas llamadas anticuerpos . Para que el sistema inmunitario responda de manera efectiva a un microorganismo infeccioso, el invasor debe portar algún tipo de identificación al que las células inmunes puedan reconocer y responder. Estos marcadores de identificación se llaman antígenos . Tanto las bacterias como los virus portan sus propios antígenos. De hecho, diferentes variedades o diversidades del mismo microorganismo poseen su propio antígeno único. Las células inmunes son capaces de reconocer estos antígenos altamente específicos, identificar apropiadamente a sus propietarios como amenazantes y por consiguiente responder de manera acorde.

La respuesta del sistema inmunitario en realidad consiste en dos partes. Primero, en presencia de un antígeno particular, células inmunes especiales llamadas linfocitos se vuelven activas y toman medidas contra el antígeno y su propietario, ya sea al desencadenar un ataque directo sobre el invasor o al segregar anticuerpos para que hagan el trabajo. Generalmente, esto funciona bastante bien, pero la respuesta completa puede tomar un tiempo, a veces días o semanas. Durante este tiempo, sufrimos los síntomas de la enfermedad infecciosa. Entre los síntomas se incluyen molestias como fiebre, dolor de garganta o exantema. Solo es después que el sistema inmunitario obtiene el control cuando comenzamos a recuperarnos.

La segunda parte de la respuesta del sistema inmunitario , e igualmente importante, involucra crear memoria. No todas las células inmunes y anticuerpos estimulados inicialmente están diseñados para destruir al invasor. Una parte de estos se retiene para que puedan combatir una infección otro día. El propósito de estas células de memoria y anticuerpos es atacar de manera rápida y abrumadora y destruir al invasor si fuera a atacar nuevamente. En la mayoría de los casos, esta capacidad de memoria es tan eficiente que cuando vuelve a aparecer el mismo antígeno en el futuro, ignoramos completamente que hemos estado expuestos. El término inmunidad se utiliza para describir la situación en la que una respuesta de memoria eficaz ha atacado al antígeno de un microorganismo particular.

Considere el ejemplo de la varicela, una infección viral común. Si nació antes de los comienzos de la década de los noventa, cuando se introdujo la vacuna contra la varicela, probablemente recuerde no haber asistido a la escuela durante alrededor de una semana por tener fiebre y exantema. Usted probablemente también notó que nunca se volvió a repetir la misma enfermedad. Esto es verdad a pesar de que casi seguramente ha estado expuesto al virus muchas veces desde entonces. Su sistema inmunitario recuerda exitosamente el antígeno de la varicela desde su encuentro inicial con el virus y responde eficazmente cada vez que se enfrenta con el antígeno idéntico.

Ahora veamos el caso de la gripe. ¿Por qué es posible, incluso probable, padecer gripe invierno tras invierno a pesar de tener una respuesta inmunitaria saludable cada vez? Bueno, a diferencia del virus de la varicela, diferentes variedades de influenza infectan a los seres humanos cada temporada. Ser inmune a la variedad de gripe del año pasado podría protegerlo durante la duración de la temporada, pero será de poca utilidad cuando lleguen las variedades del próximo año. Solo existe una cepa de varicela que infecta a los seres humanos.

Formas para engañar al sistema

Entonces, ¿dónde encajan las vacunas? El concepto detrás de las vacunas es estimular una respuesta de la memoria sin producir una enfermedad real. Si tiene éxito, una persona vacunada puede disfrutar los beneficios de la inmunidad sin tener que padecer la enfermedad original. Para lograr esto, una vacuna debe contener al menos un antígeno de la bacteria o virus de interés. El antígeno puede tomar muchas formas:

  • Una parte de la toxina que causa los efectos perjudiciales de la infección, como en el caso del tétanos y la difteria.
  • Componentes minúsculos de bacterias eliminadas, como en el caso de la tos ferina.
  • Proteínas víricas producidas por la biotecnología, como en el caso de la hepatitis B.
  • Virus o partes de virus eliminados, como en el caso de la poliomielitis inactivada.
  • Virus vivos que se convirtieron en inofensivos mediante un proceso denominado “atenuación”, como en el caso del sarampión, las paperas, la rubéola o la varicela.

Una vez que la vacuna ingresa en el organismo, su(s) antígeno(s) comienza a estimular el desarrollo de células inmunes y anticuerpos, que se acumulan en el transcurso de varias semanas. Debido a que la respuesta inmunitaria producida por vacunas no es tan fuerte como la respuesta inmunitaria producida por un microorganismo infeccioso real, una sola dosis de vacuna, por lo general, solo proporciona protección limitada. Esta es la razón por la que casi todas las vacunas requieren múltiples dosis para asegurar que el receptor sea suficientemente inmune. Por ejemplo, hasta hace poco, la vacuna para el sarampión solo se administraba una vez en la niñez temprana. Cuando comenzaron a aparecer brotes de sarampión en adolescentes previamente vacunados, se volvió claro que se necesitaba una segunda dosis o refuerzo . Ahora a todos los niños se les recomienda recibir una dosis de refuerzo.

Es importante señalar que con frecuencia, los antígenos de las vacunas se combinan con otros componentes por una variedad de razones. Para aumentar la magnitud de la respuesta inmunitaria, en especial en niños pequeños cuyos sistemas inmunitarios todavía tienen que madurar, a menudo los antígenos se combinan químicamente con sustancias llamadas “potenciadores”, como las sales de aluminio. Además, una vacuna puede contener subproductos del medio en que se produjo, como proteína de huevo, así como sustancias para preservar la eficacia del antígeno y mantenerlo estéril, como antibióticos. De hecho, una aparente alergia a una vacuna podría estar provocada por estos aditivos en lugar de por el antígeno en sí.

Inmunidad activa frente a inmunidad pasiva

Hasta ahora, la discusión se ha enfocado en la llamada inmunidad activa, que ocurre cuando una persona está expuesta a una infección real o en lugar de ello recibe una vacuna. En cualquier caso, el sistema inmunitario responde activando su propio abastecimiento de células y creando sus propios anticuerpos. Sin embargo, existe una manera alternativa para volverse inmune.

En la inmunidad pasiva , una persona se puede beneficiar por la respuesta inmune de alguien más al recibir sus anticuerpos premanufacturados. Esto ocurre de manera natural en el útero. Antes de nacer, los bebés reciben los anticuerpos de su madre, que atraviesan la placenta y protegen al recién nacido del ambiente hostil, repleto de gérmenes que se encuentra en el mundo exterior. Si no fuera por estos anticuerpos, los bebés tendrían un momento difícil para sobrevivir a los muchos meses que les tomaría para acumular activamente su propia inmunidad.

La inmunidad pasiva también se puede crear de manera artificial al administrar anticuerpos recuperados de personas que ya han adquirido inmunidad activa para una infección particular. Las vacunas pasivas contienen inmunoglobulinas , que es otro término para anticuerpos. La inmunidad pasiva se usa más comúnmente en personas que recientemente han estado expuestas a una infección seria, o que están en alto riesgo de tal exposición, y podrían no estar completamente protegidas. Esto es porque la protección proporcionada por la inmunización pasiva es inmediata, mientras que la inmunización activa tarda semanas o incluso meses para volverse completamente protectora.

Un ejemplo de esto podría ser un bebé que aún no ha recibido la vacuna activa contra el sarampión. El bebé podría recibir la inmunoglobulina pasiva de sarampión en caso de una exposición en casa, como un hermano mayor con una infección por sarampión. Aunque las inmunizaciones pasivas son útiles en casos seleccionados, rutinariamente solo se utilizan las inmunizaciones activas. Esto es debido a que la inmunidad pasiva dura unos cuantos meses en el mejor de los casos, mientras que los efectos protectores de la inmunidad activa, con dosis apropiadas de refuerzo, deberían durar toda la vida.

Vacunas para prevenir otras enfermedades

Todas las vacunas están diseñadas para dar en el blanco de infecciones. Sin embargo, dos vacunas comúnmente recomendadas tienen el beneficio agregado de proteger contra el cáncer. Esto es verdad debido a la asociación cercana de ciertos virus con el desarrollo de ciertos tipos de cáncer. La hepatitis B es el primer ejemplo de una vacuna (introducida en 1982) que también reduce el riesgo de padecer cáncer. La hepatitis B es una causa principal de cáncer hepático primario y otras son la cirrosis alcohólica y la hepatitis C. Al eliminar esencialmente el riesgo de hepatitis B, la vacuna protege contra su cáncer asociado, pero no tiene efecto sobre el riesgo de cáncer hepático asociado con un consumo de alcohol excesivo o con la hepatitis C.

Un ejemplo más reciente de una inmunización anticáncer es la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), introducida en el 2006. Debido a que el VPH es la principal causa de cáncer cervical, las mujeres vacunadas deberían experimentar un riesgo más bajo de anormalidades en el examen del Papanicolaou, incluidos precánceres (displasia cervical) y cáncer. Con base en los numerosos estudios que documentan la eficacia de la vacuna, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los EE. UU. actualmente recomiendan que todas las niñas de entre 11 y 12 años reciban la vacuna de tres dosis. Las mujeres de entre 13 y 26 años deben vacunarse si no recibieron la vacuna a los 11 o 12años.

Los CDC también recomiendan la serie de vacunas contra el VPH en varones. En los hombres, diferentes tipos de VPH pueden causar verrugas genitales, mientras que otros tipos pueden causar cáncer en el pene, el ano y en la parte posterior de la boca y la garganta.