El lupus eritematoso sistémico (lupus o SLE para abreviar) es una enfermedad autoinmune que afecta en primer lugar a las mujeres en edad de reproducirse. Su causa es desconocida, pero se cree que implica ambos; herencia genética y factores del medio ambiente. Cualquiera que sea la causa, las personas con SLE desarrollan anticuerpos en contra de substancias de sus propios cuerpos, incluyendo el ADN. Estos anticuerpos causan un daño generalizado y se cree que son los responsables principales de muchos de los síntomas de la enfermedad.

El SLE puede empezar con síntomas tales como la fatiga, la pérdida de peso, fiebre, malestar y pérdida del apetito. Otros síntomas iniciales comunes incluyen dolor muscular, dolor de articulaciones y sarpullido facial. A medida que el SLE progresa, los síntomas pueden desarrollarse virtualmente en cada parte del cuerpo. El daño a los riñones es uno de los efectos más devastadores del SLE, pero también se pueden desarrollar muchos otros problemas serios, incluyendo ataques, incapacidad mental, anemia e inflamación del corazón, vasos sanguíneos, ojos y tracto digestivo.

El tratamiento convencional para el SLE gira alrededor de medicamentos antiinflamatorios. En los casos leves, el tomar medicamentos antiinflamatorios sin esteroides (NSAID por sus siglas en inglés) puede ayudar; las formas más graves de SLE requieren utilizar medicamentos antiinflamatorios corticosteroides por largo tiempo como la prednisona. Los efectos secundarios de estos medicamentos pueden ser bastante serios por si mismos. Los llamados agentes citotóxicos (azatioprina, ciclofosfamida y clorambucil) también podrían ser útiles, pero también tienen muchos efectos secundarios.

Se requiere siempre una supervisión cercana del médico del lupus debido al riesgo de complicaciones de muchos órganos.

Un cúmulo significativo de evidencia nos dice que la hormona dehidroepiandrosterona (DHEA) puede ser útil para el tratamiento del lupus, cuando se usa como parte de un tratamiento de aproximación total, dirigido por el doctor.

La DHEA es la hormona esteroide más abundante que se encuentra en el torrente sanguíneo. Su cuerpo utiliza la DHEA como el material primario para producir las hormonas sexuales testosterona y estrógeno. La DHEA ha sido probada como tratamiento para una variedad de enfermedades médicas, incluyendo osteoporosis, pero está demostrando ser una gran promesa en el tratamiento del SLE.

Una prueba de 12 meses, doble ciego controlado por placebode 381 mujeres con lupus de leve a moderado evaluó los efectos de la DHEA en una dosis de 200 mg diarios.1 A pesar de que muchas participantes en ambos grupos mejoraron (el poder del placebo es increible), la DHEA fue más efectiva que el placebo, reduciendo muchos síntomas de la enfermedad.

De manera similar, un estudio doble ciego controlado por placebo de 120 mujeres con SLE, utilizó DHEA en dosis de 200 mg diarios, redujo significativamente los síntomas y retardo la frecuencia de los brotes de la enfermedad.18

También fueron observados resultados igualmente positivos en pequeños estudios previos.2,3

Para más información, incluyendo dosis y temas de seguridad, consulte el artículo completo de la DHEA.