La alfalfa es una de las primeras plantas cultivadas, utilizada durante siglos para alimentar a los animales de granja. Probablemente esto es cierto en parte debido a que es fácil de cosechar, crece en muchos climas variados en todo el mundo y brinda una rica fuente de proteínas para el ganado, los caballos, ovejas y otros animales. El nombre alfalfa viene del árabe al-fac-facahque quiere decir "padre de todos lo alimentos".1 Su alto contenido de proteína y sus abundantes reservas de vitaminas también la convierten en una buena fuente nutritiva para los humanos. Los usos medicinales históricos (pero sin documentar) de la alfalfa incluyen el tratamiento del malestar estomacal, la artritis, problemas con la vejiga y el riñón, forúnculos y menstruación irregular.

Los gérmenes de alfalfa aparecen en muchas ensaladas y en la sección de productos orgánicos del supermercado. Hierbas en polvo o cápsulas y tabletas que contienen hojas o semillas de alfalfa están disponibles en farmacias y en tiendas de comida orgánica.