Es posible que un ligero bronceado le siente bien, pero la piel no lo disfruta. La luz solar que da calor a los huesos y hace crecer las flores contiene radiación ultravioleta (UV) que puede provocar daños a la piel.

La exposición a la radiación UV de la luz solar puede provocar:

  • Quemadura solar: Este es el signo más obvio e inmediato de demasiada exposición al sol. Su piel estará roja y sensible, y podría inflamarse y tener ampollas. Incluso, usted podría experimentar fiebre y sentir náuseas a causa de una quemadura solar.
  • Aparición prematura de arrugas y pigmentación cutánea dispareja: Con el paso del tiempo, demasiada exposición al sol provocará cambios en la textura de su piel. La piel puede volverse áspera y correosa, y podría notar más arrugas. Además, el sol puede causar manchas solares: decoloraciones en el tono de la piel que podrían ser cafés, rojas, amarillas o grises.
  • Cáncer cutáneo: Esta es la consecuencia más grave de tomar demasiado sol. Cuando más se exponga al sol, mayores son los riesgos de sufrir cáncer de piel. Infórmese sobre la manera correcta de controlarse la piel para detectar cualquier cambio de tamaño, textura o color de un lunar. La Fundación de Cáncer de Piel recomienda controlarse la piel todos los meses.