Aunque usted podría sentirse más sano con un poco de bronceado... ¡su piel no! La luz solar que calienta nuestros cuerpos y hace que crezcan las flores contiene radiación ultravioleta (UV). Demasiada radiación UV puede dañar la piel.

La exposición a la radiación UV de la luz solar puede provocar:

  • Quemadura solar: Este es el signo más obvio e inmediato de demasiada exposición al sol. Su piel estará roja y sensible, y podría inflamarse y tener ampollas. Incluso, usted podría experimentar fiebre y sentir náuseas a causa de una quemadura solar.
  • Aparición prematura de arrugas y pigmentación cutánea dispareja: Con el paso del tiempo, demasiada exposición al sol provocará cambios en la textura de su piel. La piel puede volverse áspera y correosa, y podría notar más arrugas. Además, el sol puede causar manchas solares: decoloraciones en el tono de la piel que podrían ser cafés, rojas, amarillas o grises.
  • Cáncer cutáneo: Esta es la consecuencia más grave de tomar demasiado sol. Todos los meses, contrólese la piel para detectar cualquier signo, como cambios de tamaño, textura o color de un lunar.