Imagine tener manos tan sensibles al frío que cada invierno se inflaman y se agrietan, que tan sólo sacar un cartón de leche del refrigerador las hace palidecer y vibrar de dolor. Después imagine aprender a aumentar la temperatura de sus manos con el fin de que pudiera sostener el cartón de leche y hacerlo sin experimentar ningún dolor.

Esto es un ejemplo de lo que la capacitación de la biorretroalimentación podría ser capaz de lograr para ciertos problemas médicos tales como enfermedad de Raynaud, un trastorno circulatorio que puede causar malestar y debilidad extremos en sus víctimas.

La capacitación de la biorretroalimentación como una herramienta para la relajación y la disminución del estrés disfrutaron un breve aumento de la popularidad después de su inicio a finales de la década de 1960, pero las afirmaciones exageradas con base en estudios de mala calidad llevaron a una reacción negativa en su contra. La biorretroalimentación en gran parte salió inadvertida de la vista del público durante las décadas de 1970 y 1980. Sin embargo, en la década de 1990, se realizaron estudios apropiadamente diseñados y la biorretroalimentación comenzó a recobrar el respeto.

Actualmente, evidencia incompleta pero alentadora sugiere que en efecto la biorretroalimentación podría ofrecer al menos beneficios modestos para una variedad de padecimientos médicos, incluyendo la hipertensión, ansiedad, síndrome de Raynaud dolor de la parte inferior de la espalda, insomnio, incontinencia fecal en los niños síndrome del intestino irritable y dolores de cabeza por migraña y tensión. Al parecer la biorretroalimentación no es efectiva para tratar el asma.

La neuroretroalimentación, la "recapacitación" de los patrones de las ondas cerebrales está experimentando un resurgimiento del interés en el tratamiento de una variedad de trastornos, incluyendo depresión, trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y alcoholismo. Sin embargo, sigue siendo controvertido.